Dos niñas descubrieron el secreto de la vida
en una línea de poesía.
Yo, que no conozco el secreto de la vida, escribí ese poema.
Ellas me dijeron, (a través de una tercera persona)
que lo habían encontrado pero no me dijeron cuál era,
ni siquiera, en qué línea se escondía.
Sin duda, ahora, una semana más tarde,
ellas habrán olvidado el secreto,
y la línea, y el nombre del poema.
Pero las amo por haber descubierto
lo que yo no puedo encontrar.
Y por quererme por una linea que escribí.
Y por olvidarla.
Así, una y mil veces,
podrán volver a descubrir
el secreto de la vida en otras líneas,
en otras circunstancias.
Las amo porque quisiesen
encontrar ese secreto
y porque se atreviesen
a soñar que existe.
Por eso, sobre todo.