“Cada beso perfecto aparta el tiempo, le echa hacia atrás, ensancha el mundo breve donde puede besarse todavía…”. Pedro Salinas
“ANOCHE”
Anoche se me ha perdido
en la arena de la playa
un recuerdo

dorado, viejo y menudo
como un granito de arena.
¡Paciencia! La noche es corta.
Iré a buscarlo mañana…
Pero tengo miedo de esos
remolinos nocherniegos
que se llevan en su grupa
—¡Dios sabe adónde!— la arena
menudita de la playa.
Pedro Salinas, integró la llamada Generación del 27 en España y trascendió con el sobrenombre de “poeta del amor”. El amor de su lírica no es atormentado y sufrido; es una fuerza prodigiosa que da sentido a la vida.
“CUANDO TÚ ME ELEGISTE…”
Cuando tú me elegiste
-el amor eligió-
salí del gran anónimo
de todos, de la nada.
Hasta entonces
nunca era yo más alto
que las sierras del mundo.
Nunca bajé más hondo
de las profundidades
máximas señaladas
en las cartas marinas.
Y mi alegría estaba
triste, como lo están
esos relojes chicos,
sin brazo en que ceñirse
y sin cuerda, parados.
Pero al decirme: “tú”
a mí, sí, a mí, entre todos-,
más alto ya que estrellas
o corales estuve.
Y mi gozo
se echó a rodar, prendido
a tu ser, en tu pulso.
Posesión tú me dabas
de mí, al dárteme tú.
Viví, vivo. ¿Hasta cuándo?
Sé que te volverás
atrás. Cuando te vayas
retornaré a ese sordo
mundo, sin diferencias,
del gramo, de la gota,
en el agua, en el peso.
Uno más seré yo
al tenerte de menos.
Y perderé mi nombre,
mi edad, mis señas, todo
perdido en mí, de mí.
Vuelto al osario inmenso
de los que no se han muerto
y ya no tienen nada
que morirse en la vida.
El poeta español Pedro Salinas es autor de varias colecciones, entre estas encontraremos: “Presagios”, “Razón de amor”, “La voz a ti debida” y “Largo lamento”. Obras donde expresa su propia representación del proceso amoroso, que va desde el encuentro del enamorado y su intento por descubrir la esencia de la mujer amada.
“SI ME LLAMARÁS, SI…”
¡Si me llamaras, sí;
si me llamaras!
Lo dejaría todo,
todo lo tiraría:
los precios, los catálogos,
el azul del océano en los mapas,
los días y sus noches,
los telegramas viejos
y un amor.
Tú, que no eres mi amor,
¡si me llamaras!
Y aún espero tu voz:
telescopios abajo,
desde la estrella,
por espejos, por túneles,
por los años bisiestos
puede venir. No sé por dónde.
Desde el prodigio, siempre.
Porque si tú me llamas
«¡si me llamaras, sí, si me llamaras!»
será desde un milagro,
incógnito, sin verlo.
Nunca desde los labios que te beso,
nunca desde la voz que dice: «No te vayas».
Otra vertiente de la poesía de Salinas se refiere a sus inquietudes filosóficas, relacionada con su preocupación por la función del poeta y del arte. Su espíritu humanista se rebeló ante el mundo moderno. Su poesía no fue meramente intelectualista, esta se apoyó en lo sensual, en una visión cósmica pero con una fuerza emotiva.
“PENSARTE ES TENERTE”
¡Cómo me dejas que te piense!
Pensar en ti no lo hago solo, yo.
Pensar en ti es tenerte,
como el desnudo cuerpo ante los besos,
toda ante mí, entregada.
Siento cómo te das a mi memoria,
cómo te rindes al pensar ardiente,
tu gran consentimiento en la distancia,
y más que consentir, más que entregarte,
me ayudas, vienes hasta mí, me enseñas
recuerdos en escorzo, me haces señas
con las delicias, vivas, del pasado,
invitándome.
Me dices desde allá
que hagamos lo que quiero
-unirnos- al pensarte,
y entramos por el beso que me abres,
y pensamos en ti, los dos, yo solo.
“El poeta del amor” o Pedro Salinas fue heredero del legado dejado por Garcilaso de la Vega y Gustavo Adolfo Bécquer. Representantes, entre otros poetas, de la denominada Era de Oro de las artes y la literatura de los siglos XVII y XVIII en España. Salinas ideó su propia lírica de amor. En esta refleja, una manera renovadora, la esencia de las relaciones sentimentales. Para él, el enamoramiento es una prodigiosa fuerza que da plenitud a la vida y sentido al mundo.
Textos poéticos de “RAZÓN DE AMOR”
Estabas, pero no se te veía
aquí en la luz terrestre, en nuestra luz
de todos.
Tu realidad vivía entre nosotros
indiscernible y cierta
como la flor, el monte, el mar,
cuando a la noche
son un puro sentir, casi invisible.
El mediodía terrenal
esa luz suficiente
para leer los destinos y los números,
nunca pudo explicarte.
Tan sólo desde ti venir podía
tu aclaración total. Te iban buscando
por tardes grises, por mañanas claras,
por luz de luna o sol, sin encontrar.
Es que a ti sólo se llega por tu luz.
Y así cuando te ardiste en otra vida,
en ese llamear tu luz nació,
la cegadora luz que te rodea
cuando mis ojos son los que te miran
—esa que tú me diste para verte—,
para saber quién éramos tú y yo:
la luz de dos.
Durante la guerra civil que agitó a España en las postrimerías de los años treinta del siglo XX, el poeta Pedro Salinas se vio forzado, junto a otros intelectuales de la Generación del 27, a partir al exilio. Así comenzó una etapa errante, que tuvo como destino países como; Francia y los Estados Unidos de América. En este último, ejerció como maestro y falleció en la ciudad de Boston, el 4 de diciembre de 1951, aunque sus restos descansan en San Juan, Puerto Rico, donde también residió.
“PARA VIVIR NO QUIERO”
Para vivir no quiero
islas, palacios, torres.
¡Qué alegría más alta:
vivir en los pronombres!
Quítate ya los trajes,
las señas, los retratos;
yo no te quiero así,
disfrazada de otra,
hija siempre de algo.
Te quiero pura, libre,
irreductible: tú.
Sé que cuando te llame
entre todas las gentes
del mundo,
sólo tú serás tú.
Y cuando me preguntes
quién es el que te llama,
el que te quiere suya,
enterraré los nombres,
los rótulos, la historia.
Iré rompiendo todo
lo que encima me echaron
desde antes de nacer.
Y vuelto ya al anónimo
eterno del desnudo,
de la piedra, del mundo,
te diré:
“Yo te quiero, soy yo”.
“He tenido siempre un deseo de amor tan vivo, que por eso he sido poeta”. Pedro Salinas.