Si escribo esta poesía no es sólo por darme el gusto
más bien para darle un susto al mal con alevosía.
Amiga soy de la lluvia porque es un arpa cantora
de alambres y de bordonas que tuntunean con furia…
La célebre cantautora chilena Violeta Parra, mujer que en su abarcador bregar artístico nos legó un libro nombrado: “Décimas”.
“ENGAÑOS EN CONCEPCIÓN”. Fragmentos.
Entré al clavel del amor
cegada por sus colores;
me ataron los resplandores de tan preferida flor.
Ufano de mi pasión dejó sangrando
una herida que lloro muy conmovida
en el huerto del olvido.
Clavel no ha correspondido, qué lagrimas tan perdidas.
Fui dueña del clavel rojo, creí en su correspondencia,
después me dio la sentencia: no es grano sino gorgojo.
«Fue por cumplir un antojo» –me dice la flor del mal.
Yo soy un hondo raudal d’ espumas
muy apacibles y el remolino temible abajo empieza a girar.
Este clavel lisonjero me causa tal confusión
que deja mi corazón a mil grados bajo cero.
Quisiera que un relojero me acompasara
el latido y me componga el sentido
que es tanta mi oscuridad
por una loca maldad de este clavel ofensivo.
Violeta del Carmen Parra Sandoval se inmortalizó bajo el nombre de Violeta Parra. Ella llegó a este mundo el 4 de octubre de 1917, en una región que no se ha esclarecido aún, pues todavía se disputan este hecho las municipalidades rurales chilenas de San Fabián de Alico y San Carlos. Hija de la campesina Clarisa Sandoval Navarrete y del profesor de música Nicanor Parra Parra, quien tras una grave enfermedad, fallece y deja a la madre sola con los cinco hijos, que desde muy temprana edad ayudaban en la manutención de la familia trabajando en el campo. Violeta en inclinación musical, organizaba junto a sus hermanos, breves presentaciones en disimiles establecimientos de la localidad donde vivían. De esta manera proyectaba su gusto por la música y a su vez ayudaba en la economía familiar.
“PA’ CANTAR DE UN IMPROVISO O TALENTO PA’ CANTAR”
Pa’ cantar de un improviso, se requiere buen talento,
memoria y entendimiento, fuerza de gallo castizo.
Cual vendaval de granizos, han de florear los vocablos,
se ha de asombrar hasta el diablo con muchas bellas razones,
como en las conversaciones entre San Peiro y San Pablo.
También, señores oyentes, se necesita estrumento,
muchísimos elementos y compañero locuente;
ha de ser buen contendiente, conoce’or de l’ historia.
Quisiera tener memoria pa’ entablar un desafío,
pero no me da el sentí’o pa’ finalizar con gloria.
Al hablar del estrumento, diríjome al guitarrón;
con su alambre y su bordón su sonoro es un portento.
Por fin, señores amables que me prestáis atención,
me habéis hallado razón de hacerle quite a este sable.
Mas no quiero que se entable contra mí algún comentario.
Pa’ cominillo en los diarios sobran muchos condimentos.
No ha de faltar me el momento que aprenda la del canario.
Es la colección, “Décimas” una obra de naturaleza autobiográfica, fue escrita entre los años 1954 y 1958. En ella convergen la memoria personal y pública, la cultura de la casa, de la calle y del campo. Además se distingue su personalidad cálida y vigorosa, junto a un sello inconfundible de humanidad. Las Décimas de Violeta Parra narran, entre otros temas, la vida de mujeres luchadoras, esas que caen y se levantan por su propio esfuerzo, sin doblegarse jamás.
“LA SUERTE FATAL”
La suerte mía fatal no es cosa nueva, señores;
me ha dado sus arañones de chica muy despiadá’.
Batalla descomunal yo libro desde mi infancia;
sus temibles circunstancias me azotan con desespero,
dejándome años enteros sin médula y sin sustancia.
Dice mi mama que fui su guagua más donosita,
pero la suerte maldita no lo quiso consentir.
Empezó a hacerme sufrir, primero, con la alfombrilla,
después la fiebre amarilla me convirtió en orejón,
otra vez, el sarampión, el pasmo y la culebrilla.
De Santiago, pa’ Lautaro con siete crías colgando,
petaca’ y monos andando, busca mi taita reparo.
Su capataz l’hizo un aro diciendo: “Mire, Parrita,
la cosa está aquí malita, se le traslada pa’l sur,
acomode su baúl, recíbame esta platita”.
Mi taita fue muy letrario, pa’ profesor estudió,
y a las escuelas llegó a enseñar su diccionario.
Mi mama, como canario, nació en un campo florí’o,
como zorzal entumí’o creció entre las candelillas.
Conoce lo qu’es la trilla, la molienda y l’amasijo.
Con un chiquillo en los brazos, los otros seis a la cola,
entramos como una ola, contentos como payasos,
casi pisando los pasos de mi preocupa’o paire,
que los monta por los aires a una casa misteriosa
que yo la vi más hermosa que la capilla del fraile.
Violeta Parra recurre a la imagen de la costura para exponer su arte, ella nos va tejiendo sus décimas y entrelaza sus contenidos con sus vivencias. La figura de la madre despunta como símbolo de tenacidad y sacrificio, en la manutención de la familia; todo ello en contraste con una Violeta infantil y juguetona.
Por suerte, la inteligencia a mi mama l’acompaña,
haciendo mil musarañas con la costura, su ciencia;
son finas sus reverencias si llega la Pascualita,
recibe la costurita y luego, cuando la entrega,
un matecito le ceba mientras guarde una varita.
Hoy día tocó el retazo, mañana le toca al otro.
Así nos cubre a nosotros, recortando paso a paso,
así abrigó nuestros brazos, cosiendo, siempre cosiendo, 
en su cajón escondiendo risueña de la ocasión;
vestido multicolor, te tengo en mi pensamiento.
Y no era cosa tan fácil seguir con estos milagros.
Pa’ proteger nueve cabros exige de ser muy ágil,
velando hasta en lo más frágil.
Mi mama, qué gran orgullo,
si aprovechaba hast’ el yuyo con muy claro entendimiento,
y en los actuales momentos, sabroso hace el cochayuyo.
Hoy día anda en los setenta, demuestra cincuenta y uno.
Sus canas no es mal ninguno, más bien, yo digo, le asientan.
¡Cómo va a estar de contenta cuando
le entregue mis versos de cogollito al reverso, de lágrimas y sonrisas!
¡Viva mi mama Clarisa, más linda qu’el universo!
En sus Décimas, Violeta Parra se hace un autorretrato, donde evoca desgarradoras imágenes que vislumbran sus distintos estados emocionales; ella se auto-construye y toma conciencia de sí misma. Entra en lo público desde su mundo privado sin ninguna posibilidad de delimitarlos, se inventa una representación de mujer fuerte y auto-suficiente, sin embargo verdaderamente siempre evoca a Nicanor; el hermano-padre descrito en las Décimas como esa fuerza impulsora en todos los momentos decisivos de su vida y de su arte.
“MUDA, TRISTE Y PENSATIVA”
Muda, triste y pensativa ayer me dejó mi hermano
cuando me habló de un fulano muy famoso en poesía.
Fue grande sorpresa mía cuando me dijo: «Violeta,
ya que conocís la treta de la versá popular,
princípiame a relatar tus penurias ”a lo pueta”».
«Válgame Dios, Nicanor, si tengo tanto trabajo,
que ando de arriba p’abajo desentierrando folklor.
No sabís cuánto dolor,
miseria y padecimiento me dan los versos qu’encuentro;
muy pobre está mi bolsillo
y tengo cuatro chiquillos a quienes darl’ el sustento».
En ratitos que me quedan entre campo y grabación,
agarro mi guitarrón, o bien, mi cogot’e yegua.
Con ellos me siento en tregua pa’ reposarme los nervios,
ya que este mundo soberbio me ha destinado este oficio,
y, malhaya el beneficio, como lo dice el proverbio.
Igual que jardín de flores se ven los campos sembra’os
de versos tan delica’os que son perfeutos primores.
Ellos cantan los dolores, llenos de fe y esperanzas;
alg’otros piden mudanzas de nuestros amargos males;
fatal entre los fatales voy siguiendo estas andanzas.
Por fin, hermano sencillo que no comprendís mi caso,
¿no sabís que un solo lazo lacea un solo novillo?
Pica’o tengo el colmillo de andar como el avestruz,
sin conseguir una luz ni una sed de agua siquiera.
Mientras tanto, la bandera no dice ni chuz ni muz.
Violeta Parra en sus Décimas autobiográficas nos transfiere valores, ideas y sentimientos devenidos en una oratoria cultural. Parra esculpe la música, las costumbres, tradiciones, dichos, refranes, sentencias, engranados entre una disertación colectiva y personal.
“POR ESE TIEMPO, EL DESTINO”
Por ese tiempo, el destino
se descargó sobre Chile: cayeron miles
y miles por causa de un hombre indino.
Explica el zorro ladino que busca la economía,
y siembra la cesantía,
según él lo considera,
manchando nuestra bandera con sangre y alevosía.
Fue tanta la dictadura que practicó este malvado,
que sufr’ el profesorado la más feroz quebradura.
Hay multa por la basura, multa si salen de noche,
multa por calma o por boche, cambió de nombre a los pacos; 
prenden a gordos y a flacos, así no vayan en coche.
Tiritan en los hogares, no duermen los habitantes,
en velas y delirantes por si entran esos guardianes.
Ya van sumando millares de justos y pecadores;
repletas son las prisiones, se viv’en un sobresalto;
y el presidente tan alto detrás de las municiones.
Los niños ya no son niños, son pájaros espantados,
le’ temen a los soldados como a las bestias, en piño.
Este recuerdo me ciño al centro del corazón:
concédanme la ocasión para decir crudamente que Ibáñez,
el presidente, era tan cruel como El León.
El que su puesto regía, mañana ya no lo tiene;
el paco no se detiene y andan matando a porfía.
Su sed le exige sangría, persigue al que le da ganas,
el vendedor de avellanas s’integra a la oposición.
Por eso es que a Anabalón lo matan una mañana.
La muerte de Violeta Parra, acontecida el 5 de febrero de 1967, sorprendió a su familia y al mundo; pues nunca imaginaron que la autora de la composición “Gracias a la vida” se suicidara. Tiempo antes, tras la salida de su último disco en una entrevista, Violeta expresaría:
“Me falta algo, no sé qué es. Lo busco y no lo encuentro. Seguramente no lo hallaré jamás”.