“Nocturno diferente”
Hay una noche limpia: la del mar y la luna.
Había un pueblo de luces en el agua tranquila
con calles solitarias por donde, sin quererlo,
dejábamos vagar nuestra inquieta ternura.
Era una noche limpia, brillando entre las sombras.
Nos quedamos teñidos de luna y de horizonte
al ritmo de la voz anciana del botero.
Sobre la obra del poeta Ángel Augier Proenza, en cierta ocasión, la periodista cubana Loló de la Torriente expresó:
…“tu poesía sobrevive (y sobrevivirá) porque lleva en sí la verdad, no solamente de las vivencias recogidas en torno, sino lo que es más profundo y más definidor: las resonancias todas de un corazón asido al ensueño, el ideal y la esperanza”.
“Cuba”
Cuba, flotante línea suspendida
en la punta del agua sin sosiego;
llama en el centro de su propio fuego,
roja al viento la túnica encendida.
Cuba, de amor extiendes tu medida
y la sombra sepulta su astro ciego:
tu sangre, ardiente luz, es dulce riego
para alzar el tamaño de la vida.
Marítima y frutal, solar y sola,
las olas que establecen tu corola
forman, Cuba, coraza a tu alegría.
Y en tu carrera de canción y espuma
deslumbra a la mirada entre la bruma
el fulgor con que en ti florece el día.
Ángel Augier nació el primero de diciembre de 1910, en el seno de una familia trabajadora que residía en el central azucarero de Santa Lucía, hoy Rafael Freyre, situado en el municipio Gibara, en la cubana provincia de Holguín. Él es el cuarto de los diez hijos del matrimonio formado por Carlota Proenza Batista y Francisco Augier Teruel. De los inicios, del “parque de su infancia”, reflexiona en su autobiografía, publicada en 1970 por la Revista de la Biblioteca Nacional José Martí.
El batey de sus primeros años tenía una particularidad:
“la empresa que operaba el ingenio estaba registrada en Norteamérica con el rubro de ‘Company’, pero era propiedad de una familia cubana; los viejos fundadores, por entonces, ejercían una especie de patriarcado sobre los trabajadores, dentro de las reminiscencias feudales de la época colonial, que fue desapareciendo de forma paulatina en manos de los herederos, de educación y mentalidad yanquis y simples ejecutores de la sociedad anónima. El batey venía a ser, pues, un pequeño trasunto de la república, aparentemente cubana, con bandera y con himno, pero de entraña extranjera”.
En 1924 comenzó a trabajar como auxiliar de oficina en el propio central y allí escribió sus primeros versos que logra publicar en el periódico El Triunfo, de Gibara, y luego en la revista Orto. Lo conmueve por igual el dolor y la alegría; anhelos, sufrimientos, llantos, sueños y sonrisas.
“A la luz de tu sombra conmovida…”
A la luz de tu sombra conmovida
deja de escuchar a tantas voces tuyas,
me quedaré desnudo de silencio
cuando me des tu intimidad desnuda.
Los recuerdos que corren por tu sangre
Te han dejado fragante de ternura,
Fuerte eternidad estremecida
Y el color secular que te circunda.
La nostalgia se sube a tus arcadas
Para soñar el sol su ansia madura;
Mientras las ramas verdes te acarician
En el temblor henchido por la lluvia.
Para las sombras de tus corredores
Son mis palabras como sombras mudas
Que quieren saturarse de tus ecos
Y saturan tu paz de albas futuras.
A comienzos de la década del 30 se incorporó a las filas del Partido Socialista Popular. También participó en la insurrección armada anti-machadista de Santa Lucía, en apoyo a la expedición de Gibara. En 1933, dada la situación de terror y persecución, tiene que partir al exilio en Honduras. Antonio Guiteras, le confía entonces la misión de obtener en Nicaragua el apoyo del general Augusto César Sandino para el movimiento revolucionario que se preparaba en la provincia.
“Vesperal”
No hagas ruido, a ver,
si no se va la tarde.
Dile a tu alma que haga
un silencio absoluto.
Acalla ese ruido de pensamientos,
rompe ese hondo clamor de recuerdos,
ahoga ese sordo rumor de ensueños.
No seas imprudente, no hagas ruidos,
que le molestan a la tarde.
Ante ella hay que estar como una esfinge jovial,
ungida de serenos éxtasis
florecidos de silencios blancos.
Tenemos que rimar ese silencio
con el blanco silencio de la tarde.
Pero, ¿ya ves?, se va la tarde.
No pudiste amordazar el grito desbocado de tus nostalgias
y has espantado a la tarde.
Mira como huye despavorida a otro lugar donde comprendan
el silencio blanco de su alma. Y nos deja las sombras
-gran silencio negro-
para el negro silencio de nuestros ruidos.
En julio de 1934, Augier conoció personalmente a Nicolás Guillén, iniciándose así una gran amistad. Colaboró con el también intelectual cubano Juan Marinello en un nuevo periódico: La Palabra, hasta su clausura tras la huelga de marzo de 1935. El Partido le encomendó organizar la publicación del semanario Resumen, que sería dirigido a sugerencia suya por Andrés Núñez Olano y Carlos Rafael Rodríguez. Su actividad revolucionaria no cesaría jamás.
Ángel Augier sintió gran pasión por la poesía. Fue 1965 el año de sus primeras publicaciones. Así mismo dedicó parte de su vida a la investigación literaria, centrándose en la vida y la obra de Nicolás Guillén, Rubén Darío, Pablo Neruda, Federico García Lorca, Rafael Alberti y José Martí. En los estudios de Augier se percibe su fe en la poesía, aparejada a una rigurosa observación y erudición.
“Ansiedad”
Esta flor mía, viva luz sin reflejo,
ahogada en ella misma,
bebiéndose a mi sombra su más íntima savia,
su perfume más puro,
sintiendo en cada pétalo, la clausura del aire
y el secuestro del agua, de la nube, del árbol…
Esta flor mía, encendida, consumiéndose sola,
muerta en su propia música,
apretada en su tallo, quebrado ya de angustia;
quemándose a sí misma,
en tanto que la tierra desnuda su ternura
y es más ancha la vida,
y el canto,
y la mañana…
Hacia el año 1980 la Universidad de La Habana y el Instituto de Literatura Mundial Máximo Gorki de la Academia de Ciencias de Moscú le entregan el título de Doctor en Ciencias Filológicas.