Desde los tiempos más remotos hasta la actualidad el espíritu humano ha estado inseparablemente entroncado con el erotismo; rasgo que se materializa en el amor, este como una elevación que abre nuestra imaginación, tema manifiesto en disímiles textos poéticos de hombres y mujeres de cualquier confín del mundo. Cuba, la mayor de las Antillas, es reconocida por poseer una peculiar sensualidad que se revela en su idiosincrasia y por ende, en el arte y la literatura. Entre los muchos autores, sobresalen los nombres de: Juana Borrero, José Martí, Rubén Martínez Villena, Dulce María Loynaz y José Lezama Lima.
“Última Rima” poema de la pintora cubana del siglo XIX Juana Borrero.
Yo he soñado en mis lúgubres noches,
en mis noches tristes de penas y lágrimas,
con un beso de amor imposible,
sin sed y sin fuego, sin fiebre y sin ansias.
Yo no quiero el deleite que enerva,
el deleite jadeante que abrasa,
y me causan hastío infinito
los labios sensuales que besan y manchan.
¡Oh, mi amado! ¡Mi amado imposible!,
mi novio soñado de dulce mirada,
cuando tú con tus labios me beses
bésame sin fuego, sin fiebre y sin ansias.
Dame el beso soñado en mis noches,
en mis noches tristes de penas y lágrimas,
que me deje una estrella en los labios
y un tenue perfume de nardo en el alma!
Los poemas eróticos constituyen una óptica creativa que se acopla dentro de la tradición de la lírica nacional cubana, ellos extienden y matizan el engranaje de la poesía dentro de la historia de la literatura nacional de la mayor de las Antillas, Cuba.
“Allí Despacio” de José Martí.
Allí despacio te diré mis cuitas,
¡Allí en tu boca escribiré mis versos!
¡Ven, que la soledad será tu escudo!
Ven, blanca oveja.
Pero, si acaso lloras, en tus manos
esconderé mi rostro, y con mis lágrimas
borraré los extraños versos míos,
¿Sufrir tú, a quien yo amo, y ser yo el casco
brutal, y tú, mi amada, el lirio roto?
No, mi tímida oveja, yo odio el lobo.
Ven, que la soledad será tu escudo.
¡Oh! la sangre del alma, ¿tú la has visto?
Tiene manos y voz, y al que la vierte
eternamente entre las sombras acusa.
¡Hay crímenes ocultos, y hay cadáveres
de almas, y hay villanos matadores!
Al bosque ven: del roble más erguido
un pilón labremos, y ¡en el pilón
cuantos engañen a mujer pongamos!
Esa es la lidia humana: ¡la tremenda
batalla de los cascos y los lirios!
¿Pues los hombres soberbios, no son fieras?
Bestias y fieras! Mira, aquí te traigo
mi bestia muerta y mi furor domado.
Ven, a callar, a murmurar, al ruido
de las hojas de Abril y los nidales.
Deja, oh mi amada, las paredes mudas
de esta casa ahoyada y ven conmigo.
No al mar que bate y ruge sino al bosque
de rosas que hay al fondo de la selva.
Allí es buena la vida, porque es libre
y tu virtud, por libre, será cierta,
por libre, mi respeto meritorio.
Ni el amor, si no es libre, da ventura.
¡Oh, gentes ruines, los que en calma gozan
de robados amores! Si es ajeno
el cariño, el placer de respetarlo
mayor mil veces es que el de su goce;
del buen obrar que orgullo al pecho queda,
Y como en dulces lágrimas rebosa
y en extrañas palabras, que parecen
¡Aleteos, no voces! Y ¡qué culpa
la de fingir amor! ¡Pues hay tormento
como aquel, sin amar, de hablar de amores!
¡Ven, que allí triste iré, pues yo me veo!
¡Ven, que la soledad será tu escudo!