No trajeron flores ni semillas;
no vinieron a llenar nuestras casas de pan o de música;
no vinieron a sentarse en el portal a hablar de los días hermosos,
del amor o el trabajo.
Sus manos no huelen a tierra.
No vinieron a reunir los ladrillos
de la casa tranquila;
no vinieron a ordeñar la vaca
húmeda de estrellas y rocío;
no vinieron a cortar los viejos árboles con los que haremos nuestra mesa;
no vinieron a enseñarnos a leer
ni a curar nuestras manos heridas;
no vinieron a acompañarnos a soñar en el mundo que estamos construyendo con sudor y alegría.
Sus manos no huelen a tierra.
Sus manos no trajeron penachos de palomas,
ni sacos de maíz ni cajones de libros;
sus manos no trajeron barriles de aceite
ni vasos, ni martillos, ni violines;
sus manos no trajeron la esperanza;
sus manos no trajeron el amor;
sus manos no trajeron la amistad;
sus manos no trajeron la alegría;
sus manos no trajeron la paz;
sus manos no trajeron la vida.
Sus manos no huelen a tierra.
Los mercenarios que atacaron por Playa Girón, pretendiendo aplastar la Revolución cubana, fueron derrotados en menos de 72 horas. Fue la victoria de manos con olor a tierra, a grasa, a sudor, a trabajo… fue la victoria del pueblo cubano.