“A LAS ABUELAS DE PLAZA DE MAYO”, de Mariluz Reyes Fernández.
De un húmedo sendero:
aquel que un día vio el llanto a raudales
nos llega un gran velero,
en marcha sobre un cauce de corales:
¡Como su brillo esplende
al fin su gran valor el mundo entiende!
Y son aquellas madres
que fueron separadas de sus hijos
en hórridos desmadres
del buitre revolando entre amasijos:
¡Sin recato ni duda
clavó al hijo la espina más aguda!
Por eso en cada vela
que izamos con honor está el respeto
a la madre, a la abuela,
de la Plaza de Mayo y el decreto
que juzga muy sapiente
tan firme como el Sol resplandeciente.
Así será juzgado
aquel que en la cabeza lleve espinas
y quede cual legado
de paz y de justicias argentinas
también en otros hades
que sufren el dolor de las maldades.
¡Oh, velero palmario
que aplacas la galerna más temible
dejad ancla en tu estuario
y tu vela flotando muy audible
cual trémula bandera
que salva del horror la nueva era!