Poeta estadounidense, Margaret Randall.

Cada vez que me tocaba escoger
entre escribir o sentarme silenciosamente,
inhalar este lugar,
dejarlo entrar en mis poros, me quedé conmigo misma,
invitando al lugar a entrar. ¿Sabía entonces
que podría acceder a los recuerdos después?
Ni siquiera me hice la pregunta.

Le ofrecimos fragmentos de un poema, que forma parte de la colección: “DENTRO DE OTRO TIEMPO: REFLEJOS DEL GRAN CAÑÓN” de Margaret Randall. Dueña de una amplia obra literaria; también se destaca como fotógrafa, ensayista, activista social y luchadora por los derechos de la mujer. Ha sido miembro del jurado del Premio Casa de las Américas con sede en La Habana, Cuba.MargaretRandall

“ENTRE PINTURA Y FOTOGRAFÍA”

Árboles enormes y colores lavados de El Prado
miran desde esta vieja postal,
sus colores oscuros entre pinturas y fotografía,
estampillas y matasellos impreso
parte del ardid.
En otra vida podría mirar esta escena
y ver un jardín secreto.
Pero aquí fue donde se lo llevaron
Enero tres, MIL 974. Salió a las nueve
y nunca más vino a casa.

En la ciudad estadounidense de New York, dentro del hogar de una familia de judíos intelectuales, nacía el seis de diciembre de MIL 936, Margaret Randall. Cuando tenía once años de edad, se traslada junto a sus familiares a Alburquerque, Nuevo México;
hecho que la acercó al idioma español. En su adultez, emprendió una experiencia cultural e hispanohablante que duró cerca de veintitrés años; esta se dibujó a través de su estancia en países como; España, México, Cuba y Nicaragua.

“SALGO AFUERA” (Fragmentos)

Salgo afuera, al aire de los pinos
una mañana de enero en Nuevo México.
Parada justo entre el confort del hogar
y el rostro rocoso de la montaña
mis ojos se lavan en la familiaridad del asombro.
Cada rama de pluma de apache
cada flor de cactus está iluminada.
Me acarician todos los colores del invierno.
Lentamente, me doy cuenta de mi respiración,
de afuera hacia adentro, de adentro hacia afuera,
tal inmensidad expandiendo y contrayendo los pulmones
en un ritmo fácil.
Pero de pronto el paisaje se torna
las calles llenas de humo de Bagdad.
Y una mujer, quizá de mi misma edad,
quizá idéntica a mí en temperamento y esperanza,
lucha para respirar mientras corre.
Pero no existe para ella lugar seguro.
No existe en esa ciudad de mezquitas
boca arriba, como blanco recientemente pintado,
junto a las aguas del Tigris.
En Bagdad, donde mira la mujer
el humo negro que tose en las puertas
las llamas que succionan las aristas de los edificios
que ya dejaron de ser edificios,
que ya dejaron de ser hogares.
Donde el llanto de un niño no se apaga.
En el resplandor de esta mañana en Nuevo México
otra vez respiro.
No puedo comprender cómo ni por qué
soy capaz de inhalar este aire
y exhalarlo de nuevo.
No lo puedo comprender.
¿Cómo es posible que mi gobierno
en este preciso instante continúa aplastando
a un pueblo a medio mundo de distancia?
Ahora ni siquiera publican los números
porque los números y el daño no concuerdan.
Y yo acá, entera,
respiro este aire frío y limpio.
Al menos, debería quemarme con esta contaminación
que viaja como el sonido
a su punto de origen.
¿La mujer a quien me asemejo?
Siento su mano sobre la mía.
¿Qué mirarán sus ojos ahora?
¿Algún día seremos hermanas?

En su juventud, Randall emprendió un viaje de veintitrés años que la llevó a residir, temporalmente, en España, Vietnam y varios países latinoamericanos. En estos últimos,  experimentó acontecimientos sin precedentes, que influyeron profundamente en su vida y en su obra. En Cuba, vivió junto a la triunfante Revolución Cubana; después, en MIL 968, en la capital mexicana, pulsó la revuelta y la masacre estudiantil y en Nicaragua, compartió la toma del poder por los sandinistas. En Vietnam, vivenció los horrores de una guerra desatada por el gobierno de su país, los Estados Unidos de América. El mismo, que en MIL 985, la despoja de su ciudadanía y la fuerza a iniciar un juicio para su reintegración definitiva, este duró hasta MIL 989.

“DANZANDO CON LA CIERVA”

Cada vez que aprendo algo nuevo sobre la dignidad
un ciervo se detiene erguido, salta y se posa otra vez inmóvil
a la orilla de este campo
ensombrecido por haber perdido el día.
Golpea al fuerte músculo que mi pecho guarda
y desaparece en el bosque donde yo no puedo ir por mis miedos.
Hay días que aparece como cervatillo, la cabeza grande
sobre su cuerpo perfecto
y suaves puntos blancos.
Hay días que es una cierva
que corre con otras de su especie,
o la imagen del macho que truena con sus astas
atacando a las aguas que dan forma a esta tierra,
su gracia furiosa.
Alguien le comenta a una amiga delgada
que ha bajado de peso.
La amiga le responde gracias.
La cierva se levanta silenciosa en mi garganta.
Soy yo la que digo gracias, gracias,
y las palabras resuenan bajo mi piel.
Seguimos pasando las páginas de couché,
contornéandonos con la melodía del flautista, un mensaje
en que pequeños cinturones aprietan talles de avispa
sobre latas de líquidas promesas.
Hoy danzo con la cierva.
Pero soy también ciervo y cervatillo,
una cámara lenta que rueda y los poderosos brazos
que me colocan en este lugar precioso.
Ubicada en la historia.
Ubicada en el tiempo.
Ahora el bosque se revela ante mis ojos
que danzan hacia sus secretos como estrellas.

Randall entiende a los poetas como seres humanos e intelectuales que participan activamente de su momento histórico. Ella en correspondencia con su pensar, publicó los libros: Expresión de una crisis” en 1968, “Los hippies” y “Parte de la Solución” (1973, Nuevas Direcciones). Por otra parte, en su poesía, Margaret afronta lo cotidiano con la misma sencillez con que trata temas trascendentales y complejos de la existencia humana.

“DESAPARECIDO”

Una palabra que perdió su estruendo
como el árbol que se derrumba
donde ningún oído registra su caída
contra el suelo del bosque,
silencio ritual
cuando hasta la suavidad
del terciopelo
deja moretones en la piel.

Como ya apuntamos, en la obra de Margaret Randall son recurrentes los temas sociales y sobre la mujer. Sobre esta última, nos la revela desde una postura digna, en una constante reconstrucción y liberación de su arcaica condición de objeto.

“NO LOS ESPÍRITUS”

No los espíritus en su conjunto, comunidad,
aquellos que vivieron en este sitio
y murieron aquí
día tras día
hasta que después de meses, después de años,
la arquitectura breve del hueso
arraigó viva en la sucesión generacional.
No plural sino singular: una mujer
inclinada sobre el metate, empujando
contra la mano de piedra,
trabajando el grano
luego entregándoselo
a otra junto a ella
que con una piedra más llana
lo pulveriza
hasta que flotan las partículas.
O un hombre, colocando una fila
de piedras emparejadas,
instalando el dintel
encima del marco de la ventana,
uniendo el espacio de la pared del nicho,
ángulo a ángulo, la terraza a ese espacio
donde un niño pequeño
atisba el mundo
y se pregunta dónde termina.
No plural sino separado. Cada vida
mezclándose ahora con mis propios muertos:
el amado padre,
el poeta revolucionario
cuyos hermanos no le permitieron vivir,
el abuelo que tomó lo que no era suyo,
la chica de ojos redondos que cayó del cielo.
Arquitectos, cronistas
de tiempo y espacio
astutos o cariñosos.
Cocinera cuyas platillos
sustentan. Mujer
que lleva el dolor del amado
entre las costillas.
Pescador. Granjero. El que sana
lo que está fuera de lugar.
Jalándome hacia el norte, el sur
a través de desiertos, arriba al cañón
hasta el horizonte de la memoria
para luego descender la vertiginosa espiral
de mi miedo repelido.

En sus más de ocho décadas de vida, Randall ha publicado cerca de ochenta obras; además, tiene el mérito de haber fundado una de las publicaciones que hicieron época dentro de las letras latinoamericanas. Nos referimos a la revista mexicana y bilingüe; El Corno Emplumado”. Seguidamente compartiremos un sugerente poema de Randall, que ella bautizara, con este nombre, “ARROZ CON LECHE“.

Si la mente se te bloquea
puedes hacer arroz con leche.
El mal de Alzheimer de mi padre
fue una palabra que nunca pronunciamos.
Acunaba nuestro terror
como una llama
lista para cerrar la garganta,
para hacer cenizas la memoria.
Un puñado de arroz
y mucho agua.
No hay nada medido
ni que reclame tu atención.
Cuando él abría la boca
las oraciones no se alineaban,
se negaban
a levantarse por sí mismas.
Yo me preguntaba
si habría un momento
más allá del cual nada llorara ni empujara
contra la marea.
Una rama de canela,
arrollada sobre su esperanza.
Tras hervir hasta que adquiera consistencia,
un poco de azúcar, quizás algo de leche.
El arroz con leche es
la facilidad con que concedes
el camino. Nada más
te pertenece.
Nada se puede predecir.
Vivir sin un conocimiento exacto,
el sí y el no,
es mi herencia.
Eso y sus años de amor,
el primer hogar,
los ojos una vez tan vivos
que desaparecen en la final jaula de hueso.

Actualmente la escritora Margaret Randall reside en Albuquerque, Nuevo México, en su país natal. Es madre, abuela y comparte su vida con la pintora Bárbara Byers, quien además, ilustró su último poemario: “DENTRO DE OTRO TIEMPO: REFLEJOS DEL GRAN CAÑÓN”.

Una reflexión sobre esta mujer y poeta estadounidense, que dice:

 “Para Margaret Randall la creación poética “lo abarca todo” y es “asunto de vida o muerte”, jamás un simple “hilo de palabras”. Su poesía incluye lo personal y lo colectivo, el erotismo y la política”.

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