“PARÁBOLA DE LA INCONSTANTE” de Rosario Castellanos.

Antes cuando me hablaba de mí misma, decía:
Si yo soy lo que soy y dejo que en mi cuerpo,

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Rosario Castellanos.

que en mis años,
suceda ese proceso que la semilla
le permite al árbol y la piedra
a la estatua, seré la plenitud.
Y acaso era verdad. Una verdad.
Pero, ay, amanecía dócil como la hiedra a asirme
a una pared como el enamorado
se ase del otro con sus juramentos.
Y luego yo esparcía a mi alrededor,
erguida en solidez de roble,
la rumorosa soledad,
la sombra hospitalaria y daba al caminante
-a su cuchillo agudo de memoria-
el testimonio fiel de mi corteza.
Mi actitud era a veces el reposo
y otras el arrebato, la gracia o el furor,
siempre los dos contrarios prontos a aniquilarse
y a emerger de las ruinas del vencido.
Cada hora suplantaba a alguno;
cada hora me iba de algún mesón
desmantelado en el que no encontré ni una mala bujía
y en el que no me fue posible dejar nada.
Usurpaba los nombres, me coronaba de ellos
para arrojar después, lejos de mí, el despojo.
Heme aquí, ya al final,
y todavía no sé qué cara le daré a la muerte.

La escritora, dramaturga, ensayista y poeta mexicana Rosario Castellanos en su obra toca temas relacionados con la preocupación social, el indigenismo, la muerte, la desmitificación y el feminismo.

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