La colombiana Piedad Bonnett.

“LAS CICATRICES”

No hay cicatriz, por brutal que parezca,
que no encierre belleza.
Piedad_bonnetUna historia puntual se cuenta en ella,
algún dolor. Pero también su fin.
Las cicatrices, pues, son las costuras
de la memoria,
un remate imperfecto que nos sana dañándonos.
La forma que el tiempo encuentra
de que nunca olvidemos las heridas.

La poeta, novelista, dramaturga y crítica literaria Piedad Bonnett, en su obra, hace una enunciación de vida en un país desgarrado por la violencia, las desigualdades y los conflictos, Colombia.

“RÉQUIEM”

Resulta
que ya nada es igual, nada es lo mismo,
que algo se ha muerto aquí
sin llanto,
sin sepulcro,
sin remedio,
que otro aire se respira ahora en el alma,
patio oloroso a humo donde cuelgan
tantos locos afectos de otros días.
Tendría que decir
que ha llovido ceniza tanto tiempo
que ha tiznado por siempre las magnolias,
pero es pueril la imagen y me aburro.
Me aburro dócilmente, blandamente,
como cuando era niña y me tiraba
a ver pasar las nubes,
y la vida
era larga como una carrilera.
Ahora el tren da la vuelta y unos rostros
borrosos me saludan desde lejos:
yo amé a aquel hombre que va hablando solo.
Aquel otro me amó y no sé su nombre.
La tarde se silencia y todos parten.
Soy yo la que hace tiempo ya se ha ido.

Piedad Bonnett nace en el año 1951 en Amalfi, en un pequeño pueblecito del departamento colombiano de Antioquia. En esta localidad permanece hasta los ocho años, cuando llega el tiempo de mudarse a la capital, Bogotá.

Bonnett, de ascendencia francesa, se desarrolla dentro de un ambiente literario y teatral citadino. Posteriormente, se gradúa en Filosofía y Literatura en la Universidad de los Andes, institución donde labora como profesora desde el año 1981. Luego prosigue su superación y alcanza el grado académico de Máster en Teoría del Arte y la Arquitectura por la Universidad Nacional de Colombia.

“OCURRE”

Ocurre
que un día voy amando sin ton ni son a todos.
Al vendedor,
al ciego (le compro una estampita),
a la señora gorda, al químico y al sastre,
a todos voy amando con un amor sin bordes,
un amor de Dios manso y justo, si lo hubiera.
Pero también ocurre
que el alma, madrugada,
es como un nervio expuesto a una tenaza.
Y hay escalones falsos
y el amigo que amamos rehúye la mirada,
Caminamos sombríos
sabiendo que el mesero escupe en nuestro plato,
que el profesor calumnia a su colega
y la enfermera
maldice al desahuciado y le sonríe.

Y ocurre
que un día me conmueve la llaga del mendigo,
y extiendo mi sonrisa como un tapete nuevo
para que todos pisen
y se limpien el barro de los pies maltratados,
y la muchacha baile su vals de dos centavos,
y el cartero sacuda sus zapatos deformes.
Ocurre
que al despertarme recuerdo un amigo
que murió hace ya tiempo,
o veo llorar una mujer viajera
en el amanecer, ¡y es tan hermosa!
Y el amor se atropella, se amotina,
y voy amando a todos sin ton ni son, a todos.

Piedad Bonnett, en su adolescencia, conoce las obras de grandes poetas universales, como los españoles Gustavo Adolfo Bécquer y Antonio Machado, el francés Charles Baudelaire y el peruano Cesar Vallejo. Piedad emprende un proceso de experimentación donde formula sentimientos más profundo a través de textos poéticos.

“TU BOCA VIENE A MÍ, SOLO TU BOCA…..”

Tu boca viene a mí, solo tu boca.
Viene volando,
libélula de sangre, llamarada
que enciende ésta mi noche de ceniza.
Toda la sal del mar habita en ella,
todo el rumor del mar,
toda la espuma.
Boca para los besos dibujada,
donde duerme tu lengua tentadora.
Todo el vino del mundo está en tu boca,
todo el pecado
y la inocencia toda.
Boca que calla y cuando dice, oculta.
Capaz de toda la verdad tu boca,
de toda la verdad y la mentira.
Ríe tu boca y se despierta el día.
(Relámpagos de nieve hay en tu risa).
Como un tropel de potros me atropellan
los besos de tu boca deliciosa;
tu boca, mariposa equivocada,
tu boca ajena que se desdibuja
en mi noche de círculo y ceniza.

La escritora colombiana Piedad Bonnett ha publicado cerca de ocho libros de poemas, son estos: De círculo y ceniza, Nadie en casa, El hilo de los días, Ese animal triste, Todos los amantes son guerreros, Tretas del débil, Las herencias y Explicaciones no pedidas.

La poesía de esta autora tiene un tono irónico, donde se avizora la vida. Está escrita con meticulosidad, dándole supremacía al orden cotidiano de las cosas y su misterio. También hurga en aquellos recovecos del día a día, las elecciones y tropiezos acarreados a nuestra existencia.

“DE UN TIEMPO A ESTA PARTE”

De un tiempo a esta parte
algo nos abandona día a día,
secretamente y en puntillas
para que no haya sobresaltos inútiles,
vanos anuncios de imprevisibles efectos.
De esta manera,
al desayuno, de golpe, comprendemos que algo
ha cambiado en la noche,
que irremediablemente hemos olvidado ese verso,
que el lustre de la piel se ha quedado prendido
de las sábanas,
y en nuestros huesos crece ahora un murmullo,
un germinar de números,
y si callamos
podemos oír las pequeñas catástrofes del alma,
un ruido como de pedazos que caen
irremediablemente y sin estruendo.
De un tiempo a esta parte
hay un eco de adioses y derrumbes,
pero tal vez somos nosotros los que estamos
partiendo,
pisando los rosales que cultivamos un día.

Piedad Bonnett también incursionó en el género dramatúrgico. En su obra para teatro sobresalen los títulos: Después de todo, Para otros es el cielo, Siempre fue invierno, El prestigio de la belleza y Lo que no tiene nombre. Es esta última un desgarrador testimonio sobre la vida y el suicidio a los veintiocho años de su hijo menor, Daniel.

“DANIEL CRECIENDO”

Con el oído del corazón oigo la música secreta
de tu cuerpo,
el crepitar de tus huesos creciendo,
un animal poderoso que te sube en la voz,
la turba de tus sueños, las mareas
que con fuerza te alejan de mi orilla.
Por los rincones todos de la casa
vas dejando tu antigua piel,
y abrumado y espléndido descubres
tu desnudez que humilla los espejos.
Yo torpe, yo asustada,
desde mi torre ondeo mis pañuelos.
Abandonas
tu tierra de milagros donde es rey el silencio,
tu universo de ciegos resplandores
sin mirar hacia atrás.
En la mañana
en que trémulo vuelvas la cabeza
para leer las cifras de aquel tiempo,
un mar de sal te velará los ojos.

“MÁS TARDE SERÁ TARDE”

¿O siempre ha sido tarde, amor, aunque nos dieron todo,
el tiempo y el lugar y esta furia de alas?
Siglos y siglos y cualquiera diría
que han venido a encontrarnos paralelas las horas.
¿Pero cómo se explica que sean las cinco y cinco en tu reloj
y el sol queme las lilas que encienden tu terraza
y en cambio
sean las cinco y cinco en mi agonía
y vaya dando tumbos, tropezando,
hiriéndome en lo oscuro?
Desde la ventanilla del tren yo me despido
y tú eres el que viaja. Y cuando llegas tú hasta mi estación
llueve y no hay nadie.
Habría que parar, amor, todos los trenes
y volver a citarse.
Recuerda: en mi cuerpo batallan
la luz que le impusieron tus oficios de brujo
y la sombra que sueña la muerte entre mi sangre.
Más tarde, te lo digo, será tarde.

La narrativa y la poética de esta autora, ha suscitado estudio por parte de la crítica. Las voces autorizadas expresan lo siguiente:

“La poesía de Piedad Bonnett utiliza un lenguaje preciso, precioso, que nombra los más claros sentimientos, pero también los más recónditos y oscuros (…) No elude las miserias que también nos arropan, su fortaleza es justamente la ponderación y la capacidad de advertirnos de nuestras debilidades”.

“EN CONSIDERACIÓN DE LA ALEGRÍA”

A qué llorar, me digo,
todo estaba previsto,
me muerdo las falanges
los asombros por qué
miro la luna
ajena y sola y sobria en su talante
si desde siempre
desde el nacer, desde el morir y en cada hora
pacientemente crece el hilo, crece,
y también crece
la baba del gusano y esta piedra
atravesada aquí,
bebo y saludo
y soy cordial con mi vecino ciego
pues no son estos tiempos dados a patetismos,
ni es elegante
exhibir el dolor.
A qué llorar, me digo:
sería
inoportuno con la muchedumbre
que ríe afuera con su risa de siglos.

La colombiana Piedad Bonnett, a sus sesenta y siete años de vida, ha sido galardonada con la Mención de honor en el Concurso Hispanoamericano de Poesía Octavio Paz en 1989 y su país le confirió el Premio Nacional de Poesía de 1994. La institución cubana, Casa de las Américas, le entregó el Premio de Poesía José Lezama Lima en la edición del 2014. Anteriormente obtuvo el lauro hispano, Casa de América de Madrid.

“AHORA QUE YA NO SOY MÁS JOVEN”

Ahora que ya remonto la mitad del camino de mi vida,
yo que siempre me apené de las gentes mayores,
yo, que soy eterna pues he muerto cien veces, de tedio, de agonía,
y que alargo mis brazos al sol en las mañanas y me arrullo
en las noches y me canto canciones para espantar el miedo.
¿Qué haré con esta sombra que comienza a vestirme
y a despojarme sin remordimientos?
¿Qué haré con el confuso y turbio río que no encuentra su mar,
con tanto día y tanto aniversario, con tanta juventud a las espaldas,
si aún no he nacido, si aún hoy me cabe
un mundo entero en el costado izquierdo?
¿Qué hacer ahora que ya no soy más joven
si todavía no te he conocido?

 

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