Reto, ego, orgullo poético.Góngora y Quevedo.

El Siglo XVII español se caracterizó por el predominio del llamado estilo barroco en las esferas del arte y la cultura; específicamente en la literatura, se distinguen los dramaturgos; Francisco de Quevedo y Luís de Góngora. Dos autores de pluma fácil y lengua aguzada que fueron protagonistas de una pugna profesional y rivalidad en cuanto a labor poética se refiere. Esta disputa y su manera particular forma de su lírica, queda  constancia en estos versos.

Quevedo_GongoraPoema que Quevedo le confiere a Góngora.

Yo te untaré mis obras con tocino
Porque no me las muerdas, Gongorilla,
Perro de los ingenios de Castilla,
Docto en pullas, cual mozo de camino.
Apenas hombre, sacerdote indino,
Que aprendiste sin christus la cartilla;
Chocarrero de Córdoba y Sevilla,
Y en la Corte, bufón a lo divino.
¿Por qué censuras tú la lengua griega
siendo sólo rabí de la judía,
cosa que tu nariz aun no lo niega?
No escribas versos más, por vida mía;
Aunque acuesto de escribas se te pega,
Por tener de sayón la rebeldía.

Respuesta de Góngora a su rival.

A don Francisco de Quevedo
Cierto poeta, en forma peregrina
cuanto devota, se metió a romero,
con quien pudiera bien todo barbero
lavar la más llagada disciplina.
Era su benditísima esclavina,
en cuanto suya, de un hermoso cuero,
su báculo timón del más zorrero
bajel, que desde el Faro de Cecina
a Brindis, sin hacer agua, navega.
Este sin landre claudicante Roque,
de una venera justamente vano,
que en oro engasta, santa insignia,
aloque, a San Trago camina, donde llega:
que tanto anda el cojo como el sano.

Existen evidencias escritas de la antipatía existente entre los escritores españoles Luís de Góngora y Argote y Francisco de Quevedo. Estos representaron un duelo entre dos estilos literarios del Siglo de Oro español denominados: Culteranismo y Conceptismo. Tiene el Culteranismo a su principal defensor en Góngora y este nos propone una poesía elitista y refinada. Por su parte, Quevedo es el máximo exponente del Conceptismo, arraigado en la enlace de ideas, en la síntesis de la elocución y con mucho hincapié en el significado de las palabras.

“A UN HOMBRE DE GRAN NARIZ” de Francisco de Quevedo.

Érase una nariz superlativa,
Érase una alquitara medio viva,
Érase un peje espada mal barbado;
Era un reloj de sol mal encarado.
Érase un elefante boca arriba,
Érase una nariz sayón y escriba,
Un Ovidio Nasón mal narigado.
Érase el espolón de una galera,
Érase una pirámide de Egito,
Los doce tribus de narices era;
Érase un naricísimo infinito,
Frisón archinariz, caratulera,
Sabañón garrafal morado y frito.

“ANACREONTE ESPAÑOL, NO HAY QUIEN OS TOPE” de Góngora.

Anacreonte español, no hay quien os tope,
Que no diga con mucha cortesía,
Que ya que vuestros pies son de elegía,
Que vuestras suavidades son de arrope.
¿No imitaréis al terenciano Lope,
Que al de Belerofonte cada día
Sobre zuecos de cómica poesía
Se calza espuelas, y le da un galope?
Con cuidado especial vuestros antojos
Dicen que quieren traducir al griego,
No habiéndolo mirado vuestros ojos.
Prestádselos un rato a mi ojo ciego,
Porque a luz saque ciertos versos flojos,
Y entenderéis cualquier gregüesco luego.

Luís de Góngora y Argote existió entre los años 1561 y 1627, fue un presbítero, natural de Córdoba. Por  su parte Francisco de Quevedo es natural de la ciudad de Madrid y vivió entre los años 1580 y 1645.

“REPRESENTASE LA BREVEDAD DE LO QUE SE VIVE…” de Francisco de Quevedo.

“¡Ah de la vida!”… ¿Nadie me responde?
¡Aquí de los antaños que he vivido!
La Fortuna mis tiempos ha mordido;
las Horas mi locura las esconde.
¡Que sin poder saber cómo ni adónde
la salud y la edad se hayan huído!
Falta la vida, asiste lo vivido,
y no hay calamidad que no me ronde.
Ayer se fue; mañana no ha llegado;
hoy se está yendo sin parar un punto:
soy un fue, y un será, y un es cansado.
En el hoy y mañana y ayer, junto
pañales y mortaja, y he quedado
presentes sucesiones de difunto.

“DE LA AMBICIÓN HUMANA”, de Luis de Góngora.

Mariposa, no sólo no cobarde,
mas temeraria, fatalmente ciega,
lo que la llama el Fénix aún le niega,
quiere obstinada que a sus alas guarde:
pues en su daño arrepentida tarde,
del esplendor solicitada, llega
a lo que luce, y ambiciosa entrega
su mal vestida pluma a lo que arde.
¡Yace gloriosa en la que dulcemente
huesa le ha prevenido abeja breve,
suma felicidad a yerro sumo!
No a mi ambición contrario tan luciente,
menos activo, si cuanto más leve,
cenizas la hará, si abrasa el humo.

“SONETO 750” de Luís de Góngora.

Mientras por competir con tu cabello
Oro bruñido al sol relumbra en vano,
Mientras con menosprecio en medio el llano
Mira tu blanca frente al lilio bello;
Mientras a cada labio, por cogelo,
Siguen más ojos que al clavel temprano,
Y mientras triunfa con desdén lozano
Del luciente cristal tu gentil cuello,
Goza cuello, cabello, labio y frente,
Antes que lo que fue en tu edad dorada
Oro, lilio, clavel, cristal luciente,
No sólo en plata o viola troncada
Se vuelva, más tú y ello juntamente
En tierra, en humo, en polvo, en sombra, en nada.

”CONTRA GÓNGORA Y SU VICIO DE JUGADOR” de Francisco de Quevedo”.

Tantos años, y tantos todo el día,
menos hombre, más Dios, Góngora hermano.
No altar, garito sí; poco cristiano,
mucho tahúr, no clérigo, sí arpía.
Alzar, no a Dios: extraña clerecía.
Misal apenas, naipe cotidiano;
sacar lengua y barato, viejo y vano,
son sus misas, no templo y sacristía.
Los que huelen tu musa y tus emplastos,
cuando en canas y arrugas te amortajas,
tal epitafio dan a tu locura:
“Yace aquí el capellán del rey de bastos,
que en Córdoba nació, murió en Barajas
y en las Pintas le dieron sepultura.

La hostilidad entre estos dos geniales escritores y el por qué de la misma, es todavía un enigma. Se sospecha que Francisco de Quevedo quiso alcanzar celebridad en su ataque a un Luis de Góngora consagrado que ya había publicado sus primeros versos el año en que este nació, no obstante, tanto uno como el otro, buscaron el amparo de cortesanos poderosos en la lucha por el encumbramiento social y literario.

“DE LA BREVEDAD ENGAÑOSA DE LA VIDA” de Luís de Góngora

Menos solicitó veloz saeta
destinada señal, que mordió aguda;
agonal carro por la arena muda

Luis de Gongora
Luis de Góngora y Argote

no coronó con más silencio meta,
que presurosa corre, que secreta
a su fin nuestra edad. A quien lo duda,
fiera que sea de razón desnuda,
cada sol repetido es un cometa.
¿Confiésalo Cartago y tu lo ignoras?
Peligro corres, Licio, si porfías
en seguir sombras y abrazar engaños.
Mal te perdonarán a ti las horas;
las horas, que limando están los días,
los días, que royendo están los años.

 

 

“VUESTROS COPLONES, CORDOBÉS SONADO” de Francisco de Quevedo.

Vuestros coplones, cordobés sonado,
sátira de mis prendas y despojos,
en diversos legajos y manojos,
mis servidores me los han mostrado.
Buenos deben de ser, pues han pasado
por tantas manos y por tantos ojos,
aunque mucho me admira en mis enojos
de que cosa tan sucia hayan limpiado.
No los tomé porque temí cortarme
por lo sucio, muy más que por lo agudo;
ni los quise leer por no ensuciarme…

Los ataques por parte del madrileño Francisco de Quevedo al cordobés Luís de Góngora no sólo se encauzaron al desprestigio y la reputación. Es fundamentalmente al lenguaje poético gongorino a donde apuntan las burlas de Quevedo. Podría realizarse todo un estudio especializado sobre el por qué de la parodia del lenguaje gongorino en una serie de sonetos que Quevedo le profirió.

“AMOR CONSTANTE MÁS ALLÁ DE LA MUERTE” de Francisco de Quevedo.

Cerrar podrá mis ojos la postrera
sombra que me llevare el blanco día,
y podrá desatar esta alma mía

Quevedo
Francisco Gómez de Quevedo y Villegas Santibáñez

hora a su afán ansiosa y lisonjera
mas no, de esotra parte, en la ribera,
dejará la memoria, en donde ardía:
nadar sabe mi alma el agua fría
y perder el respeto a ley severa.
Alma a quien todo un dios prisión ha sido,
venas que humor a tanto fuego han dado,
médulas que han gloriosamente ardido,
su cuerpo dejará, no su cuidado;
serán ceniza, mas tendrá sentido,
polvo serán, mas polvo enamorado.

 

“BURLÁNDOSE DE UN CABALLERO PREVENIDO PARA UNAS FIESTAS” de Luis de Góngora.

Sea bien matizada la librea,
Las plumas de un color, negro el bonete,
La manga blanca, no muy de roquete,
Y atada al brazo prenda de Niquea;
Cifra que hable, mote que se lea,
Bien guarnecida espada de jinete,
Borceguí nuevo, plata y tafilete,
Jaez propio, bozal no de Guinea;
Caballo valenzuela bien tratado,
Lanza que junte el cuento con el hierro,
Y sin veleta al Amadís, que espera
Entrar cuidosamente descuidado,
Firme en la silla, atento en la carrera…
Y quiera Dios que se atraviese un perro.

Conceptismo y Culturanismo, estilos asumidos por Quevedo y Góngora respectivamente, desde la mentalidad contemporánea, son vistos de la manera siguiente:

“el desprecio de clase; elementos clave de la poesía quevedesca que no se aprecia en la artificiosidad de Góngora. En Quevedo encontramos la angustia por el paso del tiempo, la ira por el desamor… en Góngora el gusto por el goce físico, la exageración de una descripción… Al fin, Góngora y Quevedo compartirán el tono burlesco y la sátira personal.”

 

 

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