El Tiempo en la Poesía. Primera parte.

“La carga”, del escritor dominicano Manuel del Cabral.

Mi cuerpo estaba allí… nadie lo usaba.
Yo lo puse a sufrir… le metí un hombre.
Pero este equino triste de materia
si tiene hambre me relincha versos,
si sueña, me patea el horizonte;
lo pongo a discutir y suelta bosques,
sólo a mí se parece cuando besa…
No sé qué hacer con este cuerpo mío,
alguien me lo alquiló, yo no sé cuándo…
Me lo dieron desnudo, limpio, manso,
era inocente cuando me lo puse,
pero a ratos,
la razón me lo ensucia y lo adorable…
Yo quiero devolverlo como me lo entregaron;
sin embargo,
yo sé que es tiempo lo que a mí me dieron.

El tiempo, que como dimensión constante, enigmática e inquietante, guía nuestra existencia. Varios textos poéticos, de disímiles estilos y nacionalidades tiene como protagonista al tiempo.

“Tiempo sin tiempo”  de Mario Benedetti.

Preciso tiempo, necesito ese tiempo
que otros dejan abandonado
porque les sobra
o ya no saben qué hacer con él,
tiempo en blanco,
en rojo,
en verde,
hasta en castaño oscuro,
no me importa el color.
Cándido tiempo que yo no puedo abrirtiempo1
y cerrar como una puerta,
tiempo para mirar un árbol, un farol,
para andar por el filo del descanso,
para pensar qué bien, hoy es invierno
para morir un poco
y nacer enseguida,
y para darme cuenta,
y para darme cuerda,
preciso tiempo el necesario para
chapotear unas horas en la vida,
y para investigar por qué estoy triste
y acostumbrarme a mi esqueleto antiguo,
tiempo para esconderme
en el canto de un gallo
y para reaparecer
en un relincho
y para estar al día,
para estar a la noche,
tiempo sin recato y sin reloj
vale decir preciso,
o sea necesito
digamos, me hace falta
tiempo sin tiempo.

Pablo Neruda, poeta chileno, merecedor del premio Nobel de Literatura en 1971, nos legó una extensa y variada colección de obras, tres de los cuales están íntegramente dedicadas a ese subgénero lírico que es la oda. En sus odas, canta a todo lo que le rodea, incluso al tiempo; y, tomando en cuenta su paso inexorable, alude al amor en todas sus variantes, repasa cada etapa de la existencia, con un aire no exento de cierto matiz melancólico.

“Oda al Tiempo” de Pablo Neruda.

Dentro de ti tu edad
creciendo,
dentro de mí, mi edad andando.
El tiempo es decidido,
no suena su campana,
se acrecienta, camina,tiempo2
por dentro de nosotros,
aparece…
como un agua profunda,
en la mirada
y junto a las castañas
quemadas de tus ojos
una brizna, la huella de un minúsculo río,
una estrellita seca ascendiendo a tu boca.

Sube el tiempo
sus hilos
a tu pelo,
pero en mi corazón
como una madreselva
es tu fragancia,
viviente como el fuego.
Es bello
como lo que vivimos
envejecer viviendo.
Cada día
fue piedra transparente,
cada noche
para nosotros fue una rosa negra,
y este surco en tu rostro o en el mío
son piedra o flor,
recuerdo de un relámpago.
Mis ojos se han gastado en tu hermosura,
pero tú eres mis ojos.
Yo fatigué tal vez bajo mis besos
tu pecho duplicado,
pero todos han visto en mi alegría
tu resplandor secreto.

Amor, qué importa
que el tiempo,
el mismo que elevó como dos llamas
o espigas paralelas
mi cuerpo y tu dulzura,
mañana los mantenga
o los desgrane
y con sus mismos dedos invisibles
borre la identidad que nos separa
dándonos la victoria
de un solo ser final bajo la tierra.

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *