Cadáveres anónimos.
ningún olvido los reúne,
ningún recuerdo los separa…
Olvidados en la hierba invernal
sobre la vía pública,
entre dos largos relatos de bravura
y sufrimiento.
“¡Yo soy la víctima!”. “¡No, yo soy
la única víctima!”. Ellos no replicaron:
“Una víctima no mata a otra.
Y en esta historia hay un asesino
y una víctima”. Eran niños,
recogían la nieve de los cipreses de Cristo
y jugaban con los ángeles porque tenían
la misma edad… huían de la escuela
para escapar de las matemáticas
y la antigua poesía heroica. En las barreras,
jugaban con los soldados
al juego inocente de la muerte.
No les decían: dejad los fusiles
y abrid las rutas para que la mariposa encuentre
a su madre cerca de la mañana,
para que volemos con la mariposa
fuera de los sueños, porque los sueños son estrechos
para nuestras puertas. Eran niños,
jugaban e inventaban un cuento para la rosa roja
bajo la nieve, detrás de dos largos relatos
de bravura y sufrimiento.
luego escapaban con los ángeles pequeños
hacia un cielo límpido.
Del poemario: La ta´tadhir ´ammâ fa´alta (No pidas perdón) (2004)
Darwish vivió en carne propia el proceso de desposesión de los palestinos. Junto a su familia fue testigo de la destrucción de su hogar por el ejército israelí en 1948. Fue víctima directa de la Nakba. Falleció el 9 de agosto de 2008 en un hospital del estado americano de Texas, tras una operación a corazón abierto.
Posiblemente sea Darwish el poeta más dotado, representativo y prestigioso de la Resistencia palestina. Se trata de un creador que sabe aunar el verbo encendido y militante, el más hondo lirismo con el manejo de lo simbólico. Por otra parte, es un poeta en constante evolución, siempre en búsqueda de ensayos tanto expresivos y conceptuales como rítmicos.